PRIMERA CARTA A LOS CORINTIOS
Esta carta, según creencia común, la escribió San Pablo en Éfeso sobre la primavera del año 57 (1Cor: 16, 8 y 9). La ocasión de la misma fueron las disensiones o partidos que traían divididos a los cristianos de Corinto y la inmoralidad o manera de proceder en los pleitos.
El tema central que se propone en ella el apóstol es ¨predicar a Cristo y a éste crucificado¨. Cristo es uno y Él fue crucificado por todos, y no Pablo u otro alguno, y con esto quiere decir que se deshagan todas las escisiones o partidos, pues no debe haber otra opinión que la de Cristo y no poner otro fundamento de vida espiritual que Él. Sólo así se desterrarán todos los vicios que anatematiza.
San Pablo en la primera parte de esta carta denuncia las escisiones y los vicios de los corintios, y en la segunda responde a las dudas y cuestiones suscitadas por los mismos corintios.
Lo primero que les anuncia San Pablo, y es lo que quiere evitar a todo trance, los cismas o divisiones entre los cristianos, y, por eso, al ver que unos se mostraban partidarios de Pablo, su primer predicador; otros de Apolo, elocuente predicador alejandrino (Hechos 18, 24 ss.), otros a Cefas, o sea, de Pedro..., les dice que como ninguno de ellos ha sido crucificado por salvarnos, sino Cristo, todos por tanto deben seguir a Cristo. Los predicadores del Evangelio son sólo instrumentos de que Dios se vale para salvar a los demás.
La importancia doctrinal de esta carta es grandísima, debido a la variedad de temas: Bautismo, matrimonio, virginidad, caridad, carismas, Eucaristía, resurrección...
SEGUNDA CARTA A LOS CORINTIOS
San Pablo escribió esta carta en Macedonia (2Cor7,5) y probablemente en Filipos después de la primavera y al terminar el tercer viaje apostólico en vísperas de visitar de nuevo la ciudad de Corinto. Él ha preferido enviarles esta carta antes de su llegada para preparar en ellos efectos saludables.
La carta guarda magnífica unidad y el motivo de la misma fue el ¨Hacerles sabedores de la gran tribulación que pasó en Asia¨ (1,8), y así se animasen ellos a consolarse ya que pasaban también por tribulaciones.
El apóstol hace apología del ministerio apostólico el cual ayuda a los ministros de Dios a no desfallecer, porque aunque se vayan gastando por Cristo y les toque sufrir mucho ¨eso momentáneo de nuestra tribulación nos produce un eterno caudal de gloria¨ (4, 17).
San Pablo, como apóstol, en ministro de reconciliación...y por fin manifiesta su gozo por la potestad apostólica recibida del Señor para edificación y procura confundir a los que hipócritamente se transfiguran en apóstoles de Cristo imitando a Satanás que se suele transformar en ángel de luz, pero su fin será conforme a sus obras.
En esta carta se hallan puntos de elevada teología y datos interesantes que revelan quien era San Pablo y el estado de las primitivas iglesias. ! Que bellos son los pensamientos, entre otros, el de esperanza de la gloria en las mansiones celestes, la relación de nuestras penas y trabajos con el premio eterno (4,16-18; 5, 1-8), la manifestación del juicio final (5,10), la redención universal (5, 14-19) y la afirmación explícita de la Santísima Trinidad (13,13)!...
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