domingo, 29 de enero de 2023

Eclesiastés (Qohelet)


 

    El libro de ¨Eclesiastés¨ se nos presenta como ¨predicador¨ que habla a todos para enseñar el valor real de las cosas humanas, o sea, su fragilidad y vanidad, y nos viene a plantear esta cuestión: ¿Vale la pena de ser vivida la presente vida? ¨¿Qué provecho saca el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol? ¨. Y concretando más el sentido de la misma: ¿Podría hallar el hombre la felicidad que tan ardientemente desea aquí, en la tierra, o sea en las cosas creadas.  Ni el placer, ni las riquezas ni los honores ni la actividad o el progreso le aseguran la felicidad.  Él viene a responder a esto solamente con esta frase: ¨Vanidad de vanidades: todo es vanidad¨.
    Y a esto se reduce el argumento del libro, si bien en él se echan a ver estos dos pensamientos centrales, que vienen a ser como los polos de todo lo que se describe en él.  El primero: Todas las cosas de la tierra son vanidad.  Y el segundo: Teme a Dios y guarda sus mandamientos, porque esto es el hombre todo.  A esto se reduce el ser del hombre, su fin...
    El desaliento expresado por el Eclesiastés, muestra que hay en el fondo del corazón humano una aspiración hacia un estado de cosas mejores.  Este estado es justamente el programa del reino de Dios, que Jesús anunciará en el Evangelio.
    A la luz de la revelación divina, añadiremos lo que dice Kempis: ¨Vanidad de vanidades y toda vanidad, fuera de amar a Dios y servirle¨.  También se deduce del Eclesiastés esta conclusión práctica: Que gocemos con moderación-sin quererle ofender-de los bienes que el Señor nos concede para alivio y consuelo de las penas de esta vida y con ánimo agradecido a Él como dador de todo bien.

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