Este profeta empieza describiendo una terrible plaga de langostas. Luego exhorta a Israel a la penitencia, anuncia ¨el día del Señor¨ y el juico de las naciones en el valle de Josafat (único lugar en la Biblia en que se cita), y el reino mesiánico.
San Pedro aplicó esta profecía (Hechos. 2, 28-31) el día de Pentecostés a los carismas del Espíritu Santo. Las grandes calamidades y castigos que aquí se describen son imagen de otras más espantosas que sobrevendrán al fin de los últimos tiempos.
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