Para entender el contenido de esta carta, basta saber que San Pablo se hallaba prisionero al parecer en Roma, y por los mismos soldados que lo vigilaban llegó la noticia al pretorio de que el motivo de su cautividad era por su fe en Cristo, y como allí le era permitido recibir ¨a todos los que a él venían¨ (Hechos 28, 30), a él también se le acercó cierto día un esclavo llamado Onésimo, fugitivo de la casa de su amo Filemón, a quien parece hurtó alguna cosa.
La Providencia de Dios lo atrajo junto a Pablo, quién lo convirtió a la fe de Cristo, y una vez convertido, quiere el apóstol que Onésimo sea portador de esta su conmovedora carta (o más bien esquela, por lo pequeñita que es) y se la lleve a su mismo amo Filemón, a quien le suplica lleno de ternura, que le otorgue el perdón y lo reciba como a a ¨su propio corazón¨.
Ésta es una carta tan íntima y delicada que aunque no dice nada expresamente de la abolición de la esclavitud, como algunos han dicho, bien pudiéramos ver una abolición por la caridad, ya que San Pablo ruega a Filemón que reciba a Onésimo, que fue esclavo, como a un hermano. La verdadera caridad cristiana deja abolida la esclavitud.
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