San Juan, hijo de Zebedeo y hermano de Santiago el Mayor y autor del cuarto Evangelio y del Apocalipsis, es el que escribió estas tres cartas.
La segunda y la tercera son muy cortas, pues sólo tienen un capítulo cada una, y 13 y 15 versículos respectivamente y tienen la forma de verdaderas cartas con la dirección inicial y el saludo final.
La primera carece de estas fórmulas habituales y viene a ser una instrucción doctrinal dirigida a los fieles con los cuales San Juan tienen relaciones de confianza íntima y bien conocidos, a quien llama ¨hijos suyos¨ (2,1), ¨muy queridos¨ (2, 7; 3,2) y parece ser que dirigió esta carta a los fieles de Éfeso donde él vivió mucho tiempo y a los del Asia Menor que él visitó.
Contenido de estas cartas
---1a carta. En ella hallamos tres pensamientos centrales:
1) Dios es luz, y en Él no hay tinieblas. La vida cristiana debe ser un andar continuo en la luz y a este fin el cristiano debe ser un andar continuo en la luz y a este fin el cristiano no debe cometer pecado alguno. San Juan dice ¨El nacido de Dios no puede pecar¨ (3,9), y esto quiere decir que el pecado es totalmente incompatible con la condición de verdadero hijo de Dios. El que ¨no pueda pecar¨ entiéndase moralmente si se comporta como verdadero hijo de Dios, o sea, en la medida que la simiente de Dios, o sea, su gracia permanece en él.
2) Dios es caridad. No está bien en un cristiano amar desordenadamente el mundo... Debe adquirir la santidad ejercitando la caridad cristiana, pues el cristianismo debe ser vida de caridad para con el prójimo, al que no debemos amar de palabra o con la lengua sino con obras. La caridad para con Dios nos debe mover también a evitar el pecado amando a los hombres.
3) Dios es vida y quien tiene al Hijo (por la fe ve viva y verdadera), este tiene vida, y quién no tiene al Hijo no tiene vida eterna.
Notemos que San Juan empieza hablándonos del ¨Verbo de la Vida¨. El Verbo es Jesucristo que nos comunicó la vida divina. ¨Lo que hemos visto¨... San Juan vio con sus mismos ojos a Jesucristo, al Hijo de Dios, ¨El verbo de vida¨ y habló con Él (Jn 1, 39), escuchó sus palabras, tocó sus manos, comió con Él y se recostó en su pecho, y estuvo al pie de su cruz (Jn 19, 26): Por esto puede él hablar y escribir así cuando el Verbo hecho hombre le manifestó.
---La Segunda Carta trata muy brevemente alguna idea de la primera, o sea, una exhortación a la caridad fraterna y advertencias contra los falsos doctores.
---La tercera carta es una felicitación a su queridísimo Cayo por su generosa hospitalidad con los peregrinos y le anida a continuar con esa obra de misericordia contra la actitud de Diotrefes.
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