sábado, 6 de enero de 2024

Tesalonicenses




     Tesalónica, hoy Salónica, puerto del mar Egeo, era en tiempo de San Pablo capital de la provincia romana de Macedonia.  Allí había una pequeña colonia judía con su sinagoga, a la que fue San Pablo y les predicó por las Escrituras que Jesús era el Mesías (Hechos 17).  No pudiendo detenerse allí a causa de la sedición de los judíos, el apóstol se dirige a ellos mediante esta carta escrita en Cortino sobre el año 51.  Ésta es la primera carta de las canónicas escritas por San Pablo.

Contenido de la carta
    Esta carta tiene cinco capítulos y los tres primeros forman la primera parte que pudiéramos llamar histórico-apologética más que una efusión tierna del apóstol con una comunidad que le es querida y que ha tenido que sufrir persecución.  Él describe la fundación de la Iglesia de Tesalónica, su misión y conducta con ellos, alegrándose de su constancia en medio de los sufrimientos y preocupándose luego de ellos durante su ausencia.
    La segunda parte es más bien moral.  Comprende los dos últimos capítulos y después de exhortar a los tesalonicenses a la castidad, a la caridad y al trabajo, les habla de la parusía o segundo venida del Señor, pues estando ellos preocupados por la suerte de sus difuntos por suponer que no tendrían la dicha de presenciar esta segunda venida.  San Pablo les responde que la suerte de los difuntos es más aventajada, porque la resurrección gloriosa de los muertos en el Señor precederá a la glorificación de los supervivientes y luego saldrán todos al encuentro del Señor y estarán con Él por toda la eternidad.
    Terminará la carta exhortándolos a la vigilancia por ser incierto el día de la segunda venida que vendrá como ladrón nocturno, y les recomienda obediencia, la paciencia y la caridad.

Segunda carta a los Tesalonicenses




    La segunda carta la escribió San Pablo también en Cortino, poco después de la anterior.  Como los tesalonicenses quedaron tranquilizados con la primera carta sobre la suerte de los difuntos; pero no con lo relativo a la segunda venida del Señor que creían inminente, por lo que algunos, llevados a esta persuasión, no trabajaban y pasaban el día vagando de casa en casa, creando así un estado de desorden, y por eso les llega a decir: ¨El que no trabaja, que no coma¨.
    En esta carta conviene que nos fijemos en el versículo 9 del primer capitulo.: ¨Sufrirán la pena de la perdición eterna, lejos de la faz del Señor¨.  Estas palabras son una prueba de la eternidad de las penas de ¨sentido y daño¨ de los condenados...Porque Dios justo, en la vida eterna habrá justa recompensa...



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